Por Michel Milagros Peña Arciniegas una joven con vocación.

Con todo cariño les comparto mi experiencia participando en el campamento misión vocacional de Semana Santa 2019. Éste se realizó en una vereda de Arboledas (Norte de Santander) llamada Chicagua, parte alta, que consta de cinco sectores con familias campesinas sencillas y humildes. En la misión fuimos acompañadas por las hermanas Dioselina Tabares y Guadalupe Casas, las jóvenes que participamos estamos en acompañamiento con las Hermanas Carmelitas Teresas de San José. Las jóvenes somos: aspirantes externas Saray Juliana Pérez Roa y Gloria Esperanza Escalante Riveros de El Zulia y las otras dos que estamos en acompañamiento vocacional Michel Milagros Peña Arciniegas de El Zulia y Karen Yuliana Díaz Espinosa de Bogotá.

Al ser campamento vocacional teníamos la oración como grupo de misión por las mañanas y por las noches. Animamos la pascua infantil, la pascua juvenil y la pascua con los adultos durante los días lunes, martes y miércoles santo y los días jueves, viernes y sábado santo compartimos las celebraciones con la gente de la vereda. Las hermanas dirigían las celebraciones, que llegaban al alma de las personas, todos muy agradecidos porque era su primera semana santa en esta vereda. Tuvimos la oportunidad de lavar los pies a los enfermos y acompañarlos con su familia.

En esta Semana Santa, la misión que vivimos fue muy significativa para nosotras, porque aprendimos el sentido del servicio y del amor verdadero de nuestro Señor Jesucristo.

Desde que llegamos nos atendieron, de una forma espectacular, las personas de este lugar. Ver su sencillez, saber que nos esperaban con los brazos abiertos, nos ayudó a sentirnos en familia.

Nos renovamos y unos unimos mucho más con Dios y practicamos con amor las obras de misericordia.

Nos emocionamos al constatar la participación incondicional de niños, jóvenes y adultos en las diferentes actividades. Resalto algunas de ellas: Hacer el santo monumento fue algo único e inexplicable, sentir la alegría y el amor con el que lo estábamos haciendo, experimentar la satisfacción y agradecimiento de ellos pues nunca habían tenido algo así. Algunas personas lloraron y a otras se nos partió el corazón.

Constatar la fe con que se vivía cada uno de los días santos y más el viernes santo. Este día se nos acercó don Eduardo y nos dijo que él iba a hacer de Jesús y que se colocaría la corona de espinas nos marcó el alma.

Apreciar como los niños prepararon el santo sepulcro con la hermana Dioselina. Valoramos su ternura, inocencia y responsabilidad para que todo saliera bien. Así mismo fue emocionante ver a tres niños vestidos de nazarenos, haciendo guardia.

El sábado, cada persona colaboró trayendo un trozo de leña para hacer la fogata y prepararnos para la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Resucitamos con Jesús y siempre vamos a estar para servir a todas aquellas personas que nos necesitan y anunciar el mensaje del reino de los cielos.

Agradecemos a las hermanas la oportunidad que nos dieron de compartir y vivir esta experiencia, con amor y humildad. Todo ello nos enseñó a ser mejores personas y a saber mirar el mundo de una forma más diferente.

Solo nos queda decir que si tenemos a Dios en nuestro corazón nada nos faltará, solo él basta.